viernes, 20 de mayo de 2011

Cuento /Mineth/Identidad

Era un día soleado, no recuerdo en que tiempo o por que estaba yo allí, tendido sobre el pasto con la cara al cielo; no recordé quien era hasta que al detener mi vista sobre una nube intuí que quizás podría llamarme como ella, nube. Decidí que mi nombre seria ese hasta que la nube cubrió al sol y pensé en que seria mejor que mi nombre fuese sombra, como sombra de nube, como sombra cuando el sol se oculta, me gustaba el mundo que podía ver, me gustaba el cielo hasta que este se volvió negro como una gran sombra y lentamente estrellas comenzaron a aparecer, me pregunte si las sombras y las estrellas podrían llevarse bien, si la sombra era capas de tocar una estrella. Levante mi mano, levante mi cuerpo, levante la cabeza tanto como pude y no pude alcanzarla, las estrellas estaban lejos, y yo descubría que tenia pies, pies en la tierra y dudé: ¿mi nombre es sombra o es árbol?, ¿si fuera sombra tendría los pies en la tierra?” me sentí confundido, cuando creía que era nube me sentía participe del cielo, cuando fui sombra cría ser otro como el cielo, pero cuando era árbol ¿qué era? No era árbol mientras creía ser sombra, por que la sombra es libre de viajar con el viento, y siendo árbol ya no soy nada, solo parte de la tierra, y mientras amanecía descubrí que no podía ser árbol porque tenia brazos, di un paso y confirmé que parecía ser el único que podía moverse y caminar y agitar los brazos, pero solo confirme que no habían mas como yo, ¿y si no soy nube, no soy sombra, no soy árbol, ni pertenezco al cielo? ¿quién soy? ¿quién puedo ser si no me parezco a lo que me rodea?

Cultura e Identidad

Cultura
Los humanos son los únicos portadores de cultura ya que son los que poseen las propiedades para crear y para sustentar una cultura. Estas propiedades únicas son el lenguaje (uso de símbolos) y un sistema nervioso complejo con funciones elevadas como la memoria amplia para detalles, el raciocinio, etc. Pero si bien todos poseemos cultura, tenemos que hablar de culturas diferentes ya que cada uno, como miembro de una sociedad determinada detenta una cultura específica. Por lo tanto no hay humanos sin cultura ni cultura sin humanos.
Las creencias y conductas compartidas por aquellos que pertenecen a una misma cultura, cumplen una función de brindar lógica, cohesión y de reconstituir los nexos entre ellos. De tal manera el individuo se asegura una cierta seguridad ya que ante una situación determinada tiene una serie de conductas e ideas que le indican cómo actuar, lo que posibilita una estabilidad y un ordenamiento social y existencial.
Veamos la definición clásica de cultura de Tylor "cultura es todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, el derecho, las costumbres ..." Sin embargo la cultura no es una colección de rasgos y piezas sueltas. Si lo fuera sería muy fácil para el antropólogo su trabajo ya que podría perfectamente ir a un determinado pueblo y "juntar los rasgos de su cultura": vasijas, vestimenta, ritos, oraciones, armas, etc. La cultura no es una mera colección de objetos y costumbres varias sino que hay que considerarla como un sistema. Sistema es algo más que la suma de las partes, son elementos interrelacionados de tal manera que forman una estructura particular y un todo. Dos sistemas pueden tener los mismos elementos, pero al estar relacionados de diferente manera, resultan ser totalmente distintos. Así si quiero dar cuenta de un sistema, por ejemplo si quiero estudiarlo, no tengo solamente que enumerar los elementos sino que explicar cómo están relacionados entre sí. La cultura es una manera particular de interrelación de los elementos integrantes. Por este motivo el trabajo antropológico tiene su dificultad ya que tiene de encontrar la manera precisa en que se unen, integran, oponen, ocultan, los elementos de una cultura precisa. Por
lo tanto la cultura puede ser también definida como la suma total integrada de rasgos de conducta aprendida que son manifestados y compartidos por los miembros de una sociedad (Adamson Hoeble E. 1993).
El ser humano es el único en poseer cultura, la cual se hereda socialmente. El niño desde el primer momento que llega al mundo entra en contacto con su cultura y se va moldeando (aculturando). Así la cultura es una invención humana y una herencia social. Se contrapone con la herencia biológica, la herencia de los rasgos físicos, por ejemplo, así como de los instintos innatos y reflejos. En el hombre y la mujer no se heredan biológicamente las conductas sino que son aprendidas dentro de una cultura determinada.

Etnocentrismo-Relativismo cultural
Nuestras conductas nos parecen las más "lógicas", las más "aceptables" y "normales" y, en ocasiones, solemos mirar con extrañamiento el comportamiento ajeno, calificándolo de ridículo, de bárbaro, de incivilizado. Esto es así porque nacimos en una cultura, incorporamos esta cultura y vemos el mundo según aprendimos a ver guiados por ella. Por esto nos resulta extraña la acción de los habitantes de otros lugares. Este hecho se relaciona con otro concepto básico en antropología que es el de etnocentrismo.
La actitud etnocéntrica consiste en considerar las prácticas, creencias y costumbres de la comunidad donde nos hemos formado como superiores a las de comunidades diferentes. Tal  entendimiento de superioridad suele apoyarse en la pretensión de que nuestros usos y costumbres son universales, de
que nuestra cultura ha merecido la preferencia de alguna divinidad o de que es agente de algún destino histórico que la sitúa por encima de otras cuyas costumbres son juzgadas, entonces, como equivocadas. Se ha llegado incluso al extremo de no reconocer la humanidad de otros cuyas costumbres difieren de las propias.
Por su parte, considerar los comportamientos diferentes a los nuestros de los sujetos de otra cultura con respeto y pensando que hay que entenderlos dentro de su contexto cultural es analizar tales conductas desde el punto de vista del relativismo cultural (no etnocéntrico).

Identidad
Partimos de una posición ideológica según la cual no existe una sola realidad con múltiples interpretaciones, sino diferentes construcciones de realidades particulares. Esta aproximación nos posibilita reconstruir el concepto de identidad, proporcionando la apertura para el análisis de diversos elementos que permiten señalar cuáles son las necesidades de los adolescentes, identificadas por ellos mismos, por sus familiares y por el personal docente.
La identidad es conceptualizada por algunos autores como un sistema internalizado que representa una organizada e integrada estructura física que requiere la distinción y el desarrollo mental entre el mismo interior y el si mismo exterior-social .
La identidad del individuo se desarrolla desde la niñez, con las experiencias positivas y negativas que se adquieran durante el desarrollo psicológico, social y fisiológico.
El concepto de identidad es un término amplio el cual describe los aspectos generales de la
personalidad total del individuo- esto incluye la asimilación, o integración de nuevas culturas, por ejemplo normas sociales, valores, creencias, costumbres, culturales, etc.
La identidad es determinada por las características interpersonales e intrapersonales, el contexto ecológico y las interacciones de los componentes significativos de el mundo único del individuo,por ejemplo, la familia.
Dolores Juliano1 (1992) afirma que la identidad es un juego de asignaciones en que cada uno de los interlocutores construye y habita una escala flexible de contenidos asignados por ellos mismos en las relaciones sociales, limitando la movilidad conceptual a un campo previamente consensuado. De esta forma la sociedad es percibida como un conjunto de individuos interrelacionados por normas y propósitos comunes, desconociendo las relaciones de poder asimétricas y la conflictividad del proceso hegemónico en el supuesto "consenso".Existe una relación dialéctica entre las representaciones identitarias del grupo subordinado y el grupo dominante. Ambas identidades son actualizadas en el proceso de dominación, en el cual el grupo dominante se constituye a sí mismo y a la población subordinada, pero a su vez la identidad imputada a un grupo social desde afuera puede ser muy diferente de la misma identidad experimentada subjetivamente. Así también es variable el grado en que las identidades socioculturales se encuentran enraizadas en realidades culturales previas. Nos consta la necesidad de una categoría social que dé cuenta de los procesos de construcción de hegemonía que intervienen en los procesos de formación de grupo. Según Trinchero y Maranta2 (1987) la identidad es definida como un "nosotros" estructurante que será siempre reproducido, resignificado en tanto producto de las relaciones con otros grupos, relaciones que a su vez se encuentran referidas a una estructura social. Las identificaciones y clasificaciones en un marco más amplio, como categorías sociales generadas en complejos procesos sociales que deben ser analizados en sus connotaciones sincrónicas y diacrónicas.
Nos interesa resaltar que los habitus y prácticas de los adolescentes nos remiten a identidades múltiples y fragmentadas, que ponen en cuestión la pretendida homogeneidad que se les imputa a este grupo de edad desde las miradas prevalecientes de los otros grupos de edad hegemónicos. Creemos entonces que, como punto de partida para el análisis de las identidades de un grupo social,es necesario no deducir las identidades de las condiciones materiales de vida -vale decir, como si fuera algo "dado", observable- sino partir de los modos en que esta identidad es simbólicamente representada, dentro de esta lucha por el reconocimiento social.
La identidad se construye a partir de la diferencia, involucrando procedimientos de inclusión y exclusión. Esta lucha simbólica por imponer una determinada visión del mundo -que se procesa en la vida cotidiana de los adolescentes- está permanentemente en función de la mirada del otro: la identidad del actor social es el resultado de dos definiciones: la externa y la interna. Por un lado encontramos, pues, las clasificaciones originadas en el "exterior" del grupo, que muestran cómo el grupo es reconocido por los demás (alter-atribución). Por otro lado, está definición se completa con la identidad que "parte" del interior del grupo; las formas en que la identidad es simbólicamente representada por ese mismo grupo (auto-atribución). Estas dos direcciones que intervienen en la construcción de identidades sociales, se articulan en forma compleja.
Resulta interesante constatar de qué manera, los propios adolescentes etigmatizados, reconocen a un "otro" peor cotizado que ellos mismos, al que "desplazan" las acusaciones que la sociedad pretendía endilgarles. Esta astucia del desplazamiento permite, en el mismo gesto, rechazar la identidad imputada y legitimar la identidad pretendida, procurando otorgar nuevos contenidos al sistema de clasificación hegemónico. En otras palabras, estos sujetos también "juegan", traman estrategias y maniobran identidades, por lo que sus juegos de reconocimiento también actúan sobre las relaciones de poder, reproduciéndolas o transformándolas.

 Grupos de pertenencia e identidad
La familia es el primer grupo al que pertenecemos. Pero a medida que vamos creciendo, nos vamos relacionando con otras personas y vamos formando parte de otros grupos: el grupo de amigos, el grupo de la clase, el grupo del club. ¿Qué es lo que caracteriza a un grupo? Que sus miembros tienen expectativas comunes, comparten gustos o preferencias, sus integrantes se reconocen como parte de él y a su vez, son reconocidos como tales por otras personas que no pertenecen a él. Esto significa que aquello que une a los miembros de un grupo, también los distingue de los demás. Existen grupos, como la familia, donde sus miembros ocupan diferentes posiciones (abuelos, padres, hijos, hermanos). En otros grupos, como en el grupo de amigos, todos los miembros ocupan una misma posición, ya sea por tener una misma ocupación o por pertenecer a una misma generación. Al grupo en el que todos ocupan una misma posición se lo llama "grupo de pares". Así,en la escuela los compañeros de clase conforman el grupo de pares por ser alumnos; y el equipo de docentes conforman a su vez otro grupo de pares. En el caso del adolescente, en particular, su grupo de pares es sumamente importante para su búsqueda de identidad.
El grupo aporta seguridad, atención y dignidad al adolescente, en un mundo que a menudo le resulta anónimo, complejo, insensible y debilitante. La necesidad de tener un grupo de pertenencia y ser aceptado en él define su comportamiento. En medio de una confusión de roles y al no poder mantener la dependencia infantil ni poder asumir todavía la independencia adulta, el adolescente delega en el grupo gran parte de sus atributos y en los padres la mayoría de sus responsabilidades.
Mediante este mecanismo, el adolescente puede llegar a sentir que él "no tiene nada que ver con nada" y que son los otros los que "deben hacerse cargo". Esto también puede explicarnos cierta"desconsideración" que experimentan hacia los seres y las cosas del mundo real. Como consecuencia de esta etapa que a los jóvenes les toca transitar, resulta adecuado que el funcionamiento de la escuela, sus normas y su proyecto pedagógico se orienten a impulsar la libertad, la independencia, la responsabilidad de acción, de pensamiento y de convivencia. Consideramos pues la "identidad", como unidad de personalidad sentida por el individuo y reconocida por los otros, ya que este "saber quién soy" es un tema crítico para los jóvenes. Si bien esta identidad va siendo construida por el adolescente, también es fundamental reconocer que los otros tienen mucho que ver en su constitución, a través de su mirada, sus apreciaciones y del lugar que le otorgan. Estos "otros" son tanto los pares como los adultos. Además, el proceso de construcción de la identidad es compartido por el grupo de adolescentes y, por lo general, muy conflictivo para ellos.

Los modelos de identificación
En la construcción que una colectividad hace de un determinado modelo de identificación hay hitos que se incorporan al imaginario colectivo para recrear el discurso de identificación. Y es por ello por lo que al acercarnos al estudio de las identificaciones sociales debemos considerar diversos componentes que integran los modelos de identificación tales como los símbolos, las acciones simbólicas, los discursos y las imágenes. Por símbolos entendemos una serie de elementos connotados culturalmente y por lo tanto cargados de significados para los miembros del colectivo estudiado. Las acciones simbólicas son los rituales, expresiones colectivas donde se ponen en juego toda un carga de símbolos y significados. Los discursos a su vez son el medio por el que se dotan de significados a los símbolos. Por último, las imágenes son los elementos (de carácter simbólico)“artificialmente” construidos, que pueden llegar a convertirse en símbolos o no, y quedarse en naturaleza de símbolo y no de imagen.

Identidad

La identidad, definida principalmente desde la Psicología, se comprende como aquel núcleo del cuál se conforma el yo. Se trata de un núcleo fijo y coherente que junto a la razón le permiten al ser humano interactuar con otros individuos presentes en el medio.
La formación de la identidad es un proceso que comienza a configurarse a partir de ciertas condiciones propias de la persona, presentes desde el momento de su nacimiento, junto a ciertos hechos y experiencias básicas. A partir de lo anterior, la identidad se forma otorgándonos una imagen compleja sobre nosotros mismos, la que nos permite actuar en forma coherente según lo que pensamos.
Según algunos autores, la identidad se comporta como algo relativo, como un núcleo plástico capaz de modificarse a lo largo de la vida y el desarrollo, lo que permitiría al ser humano tener la capacidad de comportante de formas diferentes según el contexto en el que deba actuar.
Como es posible de intuir, el contexto sociocultural en el que el individuo se encuentra inserto es fundamental y decisivo en la formación de su identidad. Sin embargo, no se trata del único factor que la determina. La identidad humana se configura a partir de la interacción con el medio y el funcionamiento individual propio del sujeto, formándose entre ellos una tensión dinámica que guía la configuración de la identidad hacia una dirección determinada. Gracias a esto es posible que el ser humano sea capaz de notar, que más allá de lo que es, forma parte de un algo mayor fuera de si mismo.
Como vemos, la formación de la identidad sólo se realiza en función de la interacción con el medio externo, ya que en una situación de aislamiento, las características individuales resultan absolutamente irrelevantes y transparentes. Es sólo en relación a la interacción con los otros significativos que las diferencias y características individuales adquieren valor y se comportan como un aporte para la interacción social.

lunes, 9 de mayo de 2011

Link de Cultura e Identidad

http://www.identidadbiobio.cl/estudio/wp-content/uploads/2009/07/identidad-cultural-uno-de-los-detonantes-del-desarrollo-territorial.pdf


http://www.profesorenlinea.cl/Economia/GlobalizIdentidadCultural.htm

Identidad cultural

La identidad cultural es un proceso de construcción sociohistórica y cultural que se equilibra entre los condicionamientos y las elecciones relativamente libres que hace cada individuo, dando lugar a una dicotomía: identidad elegida vs. Identidad descubierta, según el peso que se le dé a cada elemento.

“La identidad es la suma de nuestras pertenencias (…) es necesariamente identidad compuesta, múltiple, compleja, donde cada rasgo, cada atributo, cada pertenencia es una posibilidad de encuentro con los demás, un puente que nos comunica con otras personas” #.

¿Cómo se construye la identidad? La posición de Gutiérrez Espíndola difiere de la visión esencialista que la considera como algo dado, que traemos de nacimiento, y que, por lo tanto, no podemos cambiar. Sostiene que nos construye la mirada del otro, sobre todo si es la mirada de alguien con poder: la madre, el padre, el / la maestra, el conquistador, cuya mirada convirtió a los pueblos indígenas en salvajes que había que civilizar. A esto agrega el hecho de que los seres humanos tenemos independencia y autonomía para construir nuestra identidad, eligiendo qué somos y qué queremos ser. De allí que hay situaciones que cambian y con ellas, cambia nuestra identidad en algún rasgo, pero hay “núcleos duros” identitarios: el sexo, el fenotipo o la pertenencia étnica que hacen que otros nos vean de una cierta manera, quizá discriminatoria; lo que se puede cambiar, y es lo que se espera de la educación, es cómo me veo y cómo vivo esa diferencia, porque “la identidad es una construcción subjetiva” (Gutiérrez Espíndola, 2006, p. 128) en la medida en la que usamos nuestra relativa libertad.

Según Ruth Moya#, “… uno de los rasgos esenciales de la identidad étnica es la lengua vernácula y, en efecto, así es cuando esta se conserva pues constituye uno de los componentes básicos de pertenencia a una comunidad histórico-lingüística determinada. Sin embargo, en toda América Latina, y por efectos de la razón colonial, muchos pueblos indígenas han perdido su lengua nativa materna. Se puede constatar asimismo la reducción de hablantes monolingües en lengua indígena a favor de un bilingüismo en la lengua indígena y en la lengua oficial, bilingüismo que tendencialmente privilegia la predominancia de la lengua de origen europeo. Está también el hecho de que las poblaciones negras y de origen asiático en América Latina perdieron su lengua muy tempranamente o bien crearon lenguas criollas a partir de las cuales se expresó o se expresaba una nueva identidad, la cual también se sigue construyendo en la lengua del dominador. La identidad como proceso se explica entonces por el hecho de que no se ha eliminado la razón colonial.” (p. 44)

Ruth Moya relaciona la discusión sobre la identidad cultural y la educación, en términos de que los pueblos indígenas han desarrollado un discurso en el que construyen su identidad sobre la base tanto de su pasado mítico como de su pasado histórico, pero reclamando, a la vez, el acceso a la ciencia y tecnología modernas; asimismo, pasado mítico, ciencia e historia deben ser parte de su propuesta educativa, lo que le parecen elementos irreconciliables. Al asentarse la identidad cultural sobre la existencia de la lengua, su pérdida ha sido vista por los lingüistas como un signo de anomia cultural. Sin embargo, dice frente a esto, son numerosos los casos en lar región en los que la adscripción y la pertenencia se deciden sin que necesariamente se hable la lengua del grupo; pone el ejemplo de indígenas ecuatorianos cuya lengua materna es el castellano, pero que se adscriben como tales a partir de su participación en los movimientos políticos de sus pueblos.

Asimismo, refiriéndose a indígenas quichuas ecuatorianos castallanohablantes: “¿Qué es para ellos ser indígena? (…) La cohesión étnica se da a partir de factores valorados positivamente como las costumbres, la alimentación, las creencias religiosas, la fiesta, la tradición literaria, el uso de tecnologías, conocimientos e instrumentos, la historia común, el manejo de fundamentos filosóficos y éticos similares, las relaciones de parentesco, etc. Todos estos elementos aluden a la existencia ideal de una cultura ancestral, también ideal e idealizada. (…) se homologan a sí mismos a partir de la noción de opresión nacional. Todo indio es oprimido, aunque use o no la lengua oficial. Esta opresión ocurre incluso con independencia de los factores de explotación social pues, segmentos indígenas que alcanza poder económico y prestigio (…) sufren una discriminación parecida.”

“ (…) La persona, la familia y la comunidad cultural que forman la cultura y la lengua (el subrayado es nuestro) se ubican en un ambiente natural y ecológico; clasifican e interpretan el universo cercano y lejano con lo que conforman la base de su cosmovisión; desarrollan signos y símbolos sociales; establecen principios, valores y normas de convivencia social, natural y política; producen conocimientos y tecnologías; crean y recrean estética y arte; sistematizan ciencias naturales y sociales, crean organizaciones e instituciones, formulan métodos y construyen instrumentos, desarrollan religión y espiritualidad; crean sistemas de producción; establecen relaciones económicas; consolidan su identidad cultural y autoestima principalmente a través de sus formas de educación y formación; y se interrelacionan con otras comunidades culturales.”#

“Las demandas educativas y el fortalecimiento de la cultura de los pueblos indígenas como una forma propia de identidad no pueden ser desarrolladas si los Estados nacionales no reconocen el derecho a la autonomía y la autodeterminación de los pueblos indígenas. Por lo tanto, no puede haber democracia real, ni siquiera puede haber un proceso de reconocimiento del multiculturalismo y tampoco podrán haber prácticas sinceras interculturales, si no se da en ese campo de la autonomía y la autodeterminación de los pueblos indígenas. Los pueblos indígenas, entonces, tienen derecho a la autonomía y la autodeterminación como medio importante y seguro para proteger su territorio y su tierra y así generar recursos para sus propios programas educativos y de esa forma perpetuar su identidad.”#

“i) ¿Qué hacer para propiciar el desarrollo de la identidad cultural?
Las principales ideas sobre el fomento del desarrollo de la identidad cultural, abarcan los siguientes planteamientos:
· Asumir política, jurídica y educativamente que el país es plurilingüe y pluricultural;
· profundizar la defensa del patrimonio histórico, cultural, ampliando su conocimiento, disfrute y usos económicos, sociales y educativos del mismo;
· desarrollar la cultura viva, es decir las prácticas cotidianas del pueblo, las culturas étnicas, regionales y populares para que sean heredadas a futuro;
· promover la autogestión cultural: el desarrollo de las capacidades propias con autonomías culturales, étnicas y regionales;
· vincular la cultura propia con los contenidos de la educación, vehículo principal para desarrollar las identidades.”#

j) ¿Qué significa recuperar la identidad?
De acuerdo con Durán (1987: 65-66), la recuperación de la identidad supone:
· Recuperar la palabra. Esto es recuperar el lenguaje, como instrumento de transformación. Se debe pasar de idiomas orales a escritos; de la literatura oral a la escrita y desarrollar, de esta manera, los valores, dignidad y orgullo de todos los idiomas. Las lenguas vernáculas deben ser utilizadas como instrumentos de comunicación;
· Recuperar la memoria. Desarrollar la historia y la ampliación de la conciencia histórica de cada grupo, región o etnia. Hay que reconocer al pasado como instrumento para comprender el presente y estar en mejores condiciones para proyectarse al futuro. Hay que recuperar el patrimonio cultural histórico, monumental y documental, así como el patrimonio artístico producido en las diferentes etapas de la historia;
· Recuperar el conocimiento.
o Valorar, preservar y sistematizar los saberes tradicionales de los grupos étnicos, particularmente en lo que respecta a la relación persona y naturaleza; los conocimientos sobre la flora, la fauna, los recursos naturales; los modos de producción, las diversas tecnologías (alimentación, medicina, arquitectura). Las relaciones entre hombres, las relaciones de producción, reciprocidad, etc.;
· Recuperar los espacios. Espacios sociales, de participación y de decisión de los grupos étnicos. Implica revalorar las formas de organización social y el desarrollo de nuevos espacios de participación y comunicación popular.

La identidad es uno de los derechos fundamentales de los pueblos indígenas, pero también uno de los derechos más importantes de un país.

La unidad nacional debe ser construida con base en el respeto y ejercicio de los derechos culturales, económicos, políticos y espirituales de los pueblos que forman parte de una nación (Naciones Unidas, 1995:7)#.

Identidad dual
Las personas cuando se enfrentan a circunstancias de hostilidad, sometimiento y pérdida de la libertad, adoptan una forma de doble identidad o “identidad dual”, que consiste en que se ven obligados a adoptar oficialmente un comportamiento acorde a la norma establecida, en tanto que en los espacios familiares ejerce su verdadera identidad. Así, la época de represión militar en El Salvador (desde 1932), llevó al refugio de “lo indígena” en “lo íntimo” de la cotidianeidad. En esta situación, la persona es indígena dentro de la casa y campesino o ladino salvadoreño en la calle. Es decir, una renuncia aparente que se conoce como “invisibilización voluntaria”. (Castañeda, p. 191)

“Bajo relaciones de dominación, la identidad se construye negativamente. La cultura de la sociedad dominante es vista como la ideal, como la buena, la correcta; como el paradigma o modelo de lo que la persona debe ser o llegar a ser. La cultura dominada es vista como fea, mala, incorrecta; como lo que hay que olvidar, dejar y superar. Esta es la relación que existe entre las culturas de los pueblos indígenas y las europeizantes culturas nacionales en toda América Latina. De allí que los pueblos indígenas experimenten diferentes grados de pérdida de identidad.” (Castañeda, p. 192)