viernes, 20 de mayo de 2011

Cultura e Identidad

Cultura
Los humanos son los únicos portadores de cultura ya que son los que poseen las propiedades para crear y para sustentar una cultura. Estas propiedades únicas son el lenguaje (uso de símbolos) y un sistema nervioso complejo con funciones elevadas como la memoria amplia para detalles, el raciocinio, etc. Pero si bien todos poseemos cultura, tenemos que hablar de culturas diferentes ya que cada uno, como miembro de una sociedad determinada detenta una cultura específica. Por lo tanto no hay humanos sin cultura ni cultura sin humanos.
Las creencias y conductas compartidas por aquellos que pertenecen a una misma cultura, cumplen una función de brindar lógica, cohesión y de reconstituir los nexos entre ellos. De tal manera el individuo se asegura una cierta seguridad ya que ante una situación determinada tiene una serie de conductas e ideas que le indican cómo actuar, lo que posibilita una estabilidad y un ordenamiento social y existencial.
Veamos la definición clásica de cultura de Tylor "cultura es todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, el derecho, las costumbres ..." Sin embargo la cultura no es una colección de rasgos y piezas sueltas. Si lo fuera sería muy fácil para el antropólogo su trabajo ya que podría perfectamente ir a un determinado pueblo y "juntar los rasgos de su cultura": vasijas, vestimenta, ritos, oraciones, armas, etc. La cultura no es una mera colección de objetos y costumbres varias sino que hay que considerarla como un sistema. Sistema es algo más que la suma de las partes, son elementos interrelacionados de tal manera que forman una estructura particular y un todo. Dos sistemas pueden tener los mismos elementos, pero al estar relacionados de diferente manera, resultan ser totalmente distintos. Así si quiero dar cuenta de un sistema, por ejemplo si quiero estudiarlo, no tengo solamente que enumerar los elementos sino que explicar cómo están relacionados entre sí. La cultura es una manera particular de interrelación de los elementos integrantes. Por este motivo el trabajo antropológico tiene su dificultad ya que tiene de encontrar la manera precisa en que se unen, integran, oponen, ocultan, los elementos de una cultura precisa. Por
lo tanto la cultura puede ser también definida como la suma total integrada de rasgos de conducta aprendida que son manifestados y compartidos por los miembros de una sociedad (Adamson Hoeble E. 1993).
El ser humano es el único en poseer cultura, la cual se hereda socialmente. El niño desde el primer momento que llega al mundo entra en contacto con su cultura y se va moldeando (aculturando). Así la cultura es una invención humana y una herencia social. Se contrapone con la herencia biológica, la herencia de los rasgos físicos, por ejemplo, así como de los instintos innatos y reflejos. En el hombre y la mujer no se heredan biológicamente las conductas sino que son aprendidas dentro de una cultura determinada.

Etnocentrismo-Relativismo cultural
Nuestras conductas nos parecen las más "lógicas", las más "aceptables" y "normales" y, en ocasiones, solemos mirar con extrañamiento el comportamiento ajeno, calificándolo de ridículo, de bárbaro, de incivilizado. Esto es así porque nacimos en una cultura, incorporamos esta cultura y vemos el mundo según aprendimos a ver guiados por ella. Por esto nos resulta extraña la acción de los habitantes de otros lugares. Este hecho se relaciona con otro concepto básico en antropología que es el de etnocentrismo.
La actitud etnocéntrica consiste en considerar las prácticas, creencias y costumbres de la comunidad donde nos hemos formado como superiores a las de comunidades diferentes. Tal  entendimiento de superioridad suele apoyarse en la pretensión de que nuestros usos y costumbres son universales, de
que nuestra cultura ha merecido la preferencia de alguna divinidad o de que es agente de algún destino histórico que la sitúa por encima de otras cuyas costumbres son juzgadas, entonces, como equivocadas. Se ha llegado incluso al extremo de no reconocer la humanidad de otros cuyas costumbres difieren de las propias.
Por su parte, considerar los comportamientos diferentes a los nuestros de los sujetos de otra cultura con respeto y pensando que hay que entenderlos dentro de su contexto cultural es analizar tales conductas desde el punto de vista del relativismo cultural (no etnocéntrico).

Identidad
Partimos de una posición ideológica según la cual no existe una sola realidad con múltiples interpretaciones, sino diferentes construcciones de realidades particulares. Esta aproximación nos posibilita reconstruir el concepto de identidad, proporcionando la apertura para el análisis de diversos elementos que permiten señalar cuáles son las necesidades de los adolescentes, identificadas por ellos mismos, por sus familiares y por el personal docente.
La identidad es conceptualizada por algunos autores como un sistema internalizado que representa una organizada e integrada estructura física que requiere la distinción y el desarrollo mental entre el mismo interior y el si mismo exterior-social .
La identidad del individuo se desarrolla desde la niñez, con las experiencias positivas y negativas que se adquieran durante el desarrollo psicológico, social y fisiológico.
El concepto de identidad es un término amplio el cual describe los aspectos generales de la
personalidad total del individuo- esto incluye la asimilación, o integración de nuevas culturas, por ejemplo normas sociales, valores, creencias, costumbres, culturales, etc.
La identidad es determinada por las características interpersonales e intrapersonales, el contexto ecológico y las interacciones de los componentes significativos de el mundo único del individuo,por ejemplo, la familia.
Dolores Juliano1 (1992) afirma que la identidad es un juego de asignaciones en que cada uno de los interlocutores construye y habita una escala flexible de contenidos asignados por ellos mismos en las relaciones sociales, limitando la movilidad conceptual a un campo previamente consensuado. De esta forma la sociedad es percibida como un conjunto de individuos interrelacionados por normas y propósitos comunes, desconociendo las relaciones de poder asimétricas y la conflictividad del proceso hegemónico en el supuesto "consenso".Existe una relación dialéctica entre las representaciones identitarias del grupo subordinado y el grupo dominante. Ambas identidades son actualizadas en el proceso de dominación, en el cual el grupo dominante se constituye a sí mismo y a la población subordinada, pero a su vez la identidad imputada a un grupo social desde afuera puede ser muy diferente de la misma identidad experimentada subjetivamente. Así también es variable el grado en que las identidades socioculturales se encuentran enraizadas en realidades culturales previas. Nos consta la necesidad de una categoría social que dé cuenta de los procesos de construcción de hegemonía que intervienen en los procesos de formación de grupo. Según Trinchero y Maranta2 (1987) la identidad es definida como un "nosotros" estructurante que será siempre reproducido, resignificado en tanto producto de las relaciones con otros grupos, relaciones que a su vez se encuentran referidas a una estructura social. Las identificaciones y clasificaciones en un marco más amplio, como categorías sociales generadas en complejos procesos sociales que deben ser analizados en sus connotaciones sincrónicas y diacrónicas.
Nos interesa resaltar que los habitus y prácticas de los adolescentes nos remiten a identidades múltiples y fragmentadas, que ponen en cuestión la pretendida homogeneidad que se les imputa a este grupo de edad desde las miradas prevalecientes de los otros grupos de edad hegemónicos. Creemos entonces que, como punto de partida para el análisis de las identidades de un grupo social,es necesario no deducir las identidades de las condiciones materiales de vida -vale decir, como si fuera algo "dado", observable- sino partir de los modos en que esta identidad es simbólicamente representada, dentro de esta lucha por el reconocimiento social.
La identidad se construye a partir de la diferencia, involucrando procedimientos de inclusión y exclusión. Esta lucha simbólica por imponer una determinada visión del mundo -que se procesa en la vida cotidiana de los adolescentes- está permanentemente en función de la mirada del otro: la identidad del actor social es el resultado de dos definiciones: la externa y la interna. Por un lado encontramos, pues, las clasificaciones originadas en el "exterior" del grupo, que muestran cómo el grupo es reconocido por los demás (alter-atribución). Por otro lado, está definición se completa con la identidad que "parte" del interior del grupo; las formas en que la identidad es simbólicamente representada por ese mismo grupo (auto-atribución). Estas dos direcciones que intervienen en la construcción de identidades sociales, se articulan en forma compleja.
Resulta interesante constatar de qué manera, los propios adolescentes etigmatizados, reconocen a un "otro" peor cotizado que ellos mismos, al que "desplazan" las acusaciones que la sociedad pretendía endilgarles. Esta astucia del desplazamiento permite, en el mismo gesto, rechazar la identidad imputada y legitimar la identidad pretendida, procurando otorgar nuevos contenidos al sistema de clasificación hegemónico. En otras palabras, estos sujetos también "juegan", traman estrategias y maniobran identidades, por lo que sus juegos de reconocimiento también actúan sobre las relaciones de poder, reproduciéndolas o transformándolas.

 Grupos de pertenencia e identidad
La familia es el primer grupo al que pertenecemos. Pero a medida que vamos creciendo, nos vamos relacionando con otras personas y vamos formando parte de otros grupos: el grupo de amigos, el grupo de la clase, el grupo del club. ¿Qué es lo que caracteriza a un grupo? Que sus miembros tienen expectativas comunes, comparten gustos o preferencias, sus integrantes se reconocen como parte de él y a su vez, son reconocidos como tales por otras personas que no pertenecen a él. Esto significa que aquello que une a los miembros de un grupo, también los distingue de los demás. Existen grupos, como la familia, donde sus miembros ocupan diferentes posiciones (abuelos, padres, hijos, hermanos). En otros grupos, como en el grupo de amigos, todos los miembros ocupan una misma posición, ya sea por tener una misma ocupación o por pertenecer a una misma generación. Al grupo en el que todos ocupan una misma posición se lo llama "grupo de pares". Así,en la escuela los compañeros de clase conforman el grupo de pares por ser alumnos; y el equipo de docentes conforman a su vez otro grupo de pares. En el caso del adolescente, en particular, su grupo de pares es sumamente importante para su búsqueda de identidad.
El grupo aporta seguridad, atención y dignidad al adolescente, en un mundo que a menudo le resulta anónimo, complejo, insensible y debilitante. La necesidad de tener un grupo de pertenencia y ser aceptado en él define su comportamiento. En medio de una confusión de roles y al no poder mantener la dependencia infantil ni poder asumir todavía la independencia adulta, el adolescente delega en el grupo gran parte de sus atributos y en los padres la mayoría de sus responsabilidades.
Mediante este mecanismo, el adolescente puede llegar a sentir que él "no tiene nada que ver con nada" y que son los otros los que "deben hacerse cargo". Esto también puede explicarnos cierta"desconsideración" que experimentan hacia los seres y las cosas del mundo real. Como consecuencia de esta etapa que a los jóvenes les toca transitar, resulta adecuado que el funcionamiento de la escuela, sus normas y su proyecto pedagógico se orienten a impulsar la libertad, la independencia, la responsabilidad de acción, de pensamiento y de convivencia. Consideramos pues la "identidad", como unidad de personalidad sentida por el individuo y reconocida por los otros, ya que este "saber quién soy" es un tema crítico para los jóvenes. Si bien esta identidad va siendo construida por el adolescente, también es fundamental reconocer que los otros tienen mucho que ver en su constitución, a través de su mirada, sus apreciaciones y del lugar que le otorgan. Estos "otros" son tanto los pares como los adultos. Además, el proceso de construcción de la identidad es compartido por el grupo de adolescentes y, por lo general, muy conflictivo para ellos.

Los modelos de identificación
En la construcción que una colectividad hace de un determinado modelo de identificación hay hitos que se incorporan al imaginario colectivo para recrear el discurso de identificación. Y es por ello por lo que al acercarnos al estudio de las identificaciones sociales debemos considerar diversos componentes que integran los modelos de identificación tales como los símbolos, las acciones simbólicas, los discursos y las imágenes. Por símbolos entendemos una serie de elementos connotados culturalmente y por lo tanto cargados de significados para los miembros del colectivo estudiado. Las acciones simbólicas son los rituales, expresiones colectivas donde se ponen en juego toda un carga de símbolos y significados. Los discursos a su vez son el medio por el que se dotan de significados a los símbolos. Por último, las imágenes son los elementos (de carácter simbólico)“artificialmente” construidos, que pueden llegar a convertirse en símbolos o no, y quedarse en naturaleza de símbolo y no de imagen.

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